Bonasso: Lijo dio garantías para declarar en la causa Rucci


Estimados lectores, a continuación reproduzco dos documentos vinculados al tema de la causa Rucci que refutan categóricamente las mentiras propaladas por el señor Ceferino Reato y los hermanos Rucci en el sentido de que yo estaba rehuyendo la acción de la justicia al no presentarme ante el juzgado federal del doctor Ariel Lijo.

Siempre estuve a derecho y nunca me rehusé a colaborar con el juez: el primer documento explica por qué no voy a contestar las infames preguntas de la querella (hermanos Rucci) y la respuesta del juez donde me ofrece y reitera las garantías que establece el artículo 79 del C.P.P.N. y me cita a declarar el 5 de marzo próximo.



Con el compromiso escrito de Su Señoría, considero que están dadas las condiciones para brindar mi testimonio, a pesar de que considero que es una causa sin fundamento jurídico, como en su momento lo consideró el juez Lijo que quiso archivarla y debió desempolvarla por orden de la Cámara.

Me parece, además, profundamente inmoral y aún delictiva la conducta de los querellantes Claudia y Aníbal Rucci, que en 1998 cobraron una indemnización del Estado que sumó 224 mil pesos de la época (por lo menos 224 mil dólares de hoy), señalando entonces a la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) como autora del asesinato de su padre. Si ahora creen que fueron los Montoneros deberían tener la conducta de restituir dicha suma al Estado, para pleitear con la conciencia tranquila.

La mía lo está y siempre lo estuvo. Reitero lo que he dicho siempre: no tuve nada que ver con el atentado a Rucci, que condené ya en los años 70.

Reitero que siempre estuve a derecho y nunca rehusé presentarme ante la justicia.

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Las mentiras de Reato y los Rucci

    Su Señoría conoce, de otras causas, mi invariable actitud de cooperación con la justicia y con SS en particular, por lo cual sabrá interpretar correctamente las objeciones de conciencia que tengo en relación con el interrogatorio propuesto por la querella. Sabrá diferenciar el escrúpulo de la rebeldía o la falta de colaboración con la justicia.

    Mi abogada, la doctora Myriam  Bregman ha tenido acceso a la causa hace muy poco, lo que implica ciertamente la imposibilidad de poder analizarla en profundidad. Aún así, ha podido tomar nota de las agraviantes preguntas que la querella pretende formularme en la presente audiencia.

    Son las preguntas que se le hacen a un delator, a un sargento arrepentido, a un buchón de los servicios, no a una persona que como militante, como periodista, como escritor, como diputado nacional (electo y reelecto), como autor de leyes (glaciares, bosques) que tienen resonancia internacional, ha dedicado su vida entera a la profundización de la vida democrática.

    Lo más cómico, si no fuera tan ofensivo, es que desconozco realmente la respuesta a la mayor parte de esas preguntas: no sé si personas a las que no veo o con las que me llevo muy mal públicamente hablando (como Verbitsky o Kunkel) tuvieron acceso a arsenales que no se detallan o si Verbitsky “hizo escuchas para el caso Rucci”.

    Su sola enunciación ofende. Está claro que a la querella le interesa que yo me convierta en un delator. Que delate a personas con las que he roto políticamente hace 34 años, como Mario Eduardo Firmenich. Y yo, señor juez, sean cuales fueren las consecuencias de lo que voy a decir, no me voy a convertir en alcahuete a los 74 años. Y menos para complacer al señor y la señora Rucci, que ya cobraron una indemnización del Estado, denunciando que la autoría del asesinato de su padre correspondía a la Triple A.

    Sólo diré, porque esto no señala a ningún vivo sino a un muerto llamado Juan Domingo Perón, que el terrorismo de Estado comenzó en su tercer gobierno, impulsado por él y ejecutado por su mayordomo y secretario particular José López Rega. Lamento que haya fallecido sin confesar el  comisario Almirón (jefe de la custodia de Isabel Perón) y asesino directo del padre Carlos Mugica, como lo sabe la iglesia argentina y como me lo relató personalmente el confesor de Evita, el padre Hernán Benítez, en el año 1993, pocos meses antes de morir.

    Cuando empezó el macartismo estadounidense, en la década del 50, muchas personalidades de la cinematografía y la cultura norteamericanas fueron citadas a las famosas audiencias del senador Mc Carthy, para que denunciaran a todos los que habían pertenecido al partido comunista y, de paso, se autoincriminaran.

    Hubo muchos que supieron mantener la dignidad y se negaron a responder las aviesas preguntas del senador. Pro hubo algunos cobardes que terminaron delatando a quienes habían sido sus amigos o compañeros. Entre ellos destacó el famoso director Elia Kazan, uno de los fundadores del Actor’s Studio y un verdadero talento, que se quebró como un miserable. No le alcanzaron los años de sobrevida para sobreponerse a esa delación.

    Señoría: no quiero consagrar la última etapa de mi vida a lamentar haberme portado como un canalla. No sé nada y si supiera algo tampoco lo diría: porque esta causa que Ud. Mismo con muy buen criterio archivó por considerar –con toda razón- que no era un crimen de lesa humanidad, no tiene nada que ver con el terrorismo de Estado.

    Después de la llegada de Juan Perón a la Argentina, felicitando a los que torturaron y colgaron peronistas en Ezeiza y condenando a quienes habían sido las víctimas, concentró la suma del poder político. Pensar que ese poder solar, único, comparable al del rey que decía “el estado soy yo” podía ser desafiado, desde cualquier oficina de la provincia de Bunos Aires y que eso probaría que gente del estado apoyó el asesinato de Rucci es ridículo o malévolo.

     Le recuerdo a la querella, Su Señoría, que el presidente de la república cuando fue asesinado el señor Rucci, era Raúl Lastiri, yerno de L{opez Rega y miembro de la Logia Propaganda Dos, como Emilio Eduardo Massera, uno de los jefes máximos del terrorismo de estado.

    Ningún gobernador, por más vinculado que hubiera podido estar a la JP de las Regionales, que reconocía la conducción de Montoneros, hubiera osados desafiar a Perón. Por mucho menos el Brujo le armó el Navarrazo a Obregón Cano.

    Así que, sinceramente Su Señoría, mi presencia no solamente huelga por razones de conciencia que son irrenunciables, sino porque mi interpretación de la historia es exactamente la opuesta a la de los querellantes y de nada serviría que para complacerlos, traicionara mi libertad de conciencia, preservada durante décadas a costa de persecuciones, amenazas y exilios.

    Quedo de Ud su seguro servidor,

Miguel Luis Bonasso
Diputado Nacional (Mandato cumplido)

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Respuesta del Juez Ariel Lijo:





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