Un tribunal de conciencia

Más que una presentación
un tribunal de conciencia

Sala Francisco Gabilondo Soler
Ayer, 8 de mayo, tres ciudadanos/as ejemplares convirtieron la presentación de mi libro “Lo que no dije en Recuerdo de la muerte”, en un juicio ético al poder y a la propia sociedad. Fue en el marco de la Feria del Libro, en una sala que resultó muy chica para albergar a tanta gente valiosa y apasionada. Muchos se quedaron afuera, empujados por la estulticia de los clásicos cancerberos de la seguridad privada. A los expulsados, mis disculpas, a los asistentes mi reconocimiento por su participación entusiasta.


    La Mesa fue un lujo: abrió el Sueco Carlos Lordkipanidse, heroico sobreviviente de la ESMA, que describió su lucha como combatiente hasta el 78 y su caída en el infierno, donde lo torturaron junto con su bebé de meses, con la sobriedad de los que se la jugaron en serio y sufrieron de verdad.

La mesa completa

    Lordkipanidse le pegó duro a los “asados” en la ESMA y recordó que en su época los genocidas usaban esa expresión para referirse a los prisioneros que fueron cremados clandestinamente en el campo de deportes, aún hoy en poder de la Armada.

    Siguió la diputada Myriam Bregman, incansable abogada de obreros espiados y perseguidos, protagonista también del juicio a la ESMA y eficaz investigadora del Proyecto X de la Gendarmería, un siniestro aporte de Microsoft al espionaje ilegal que practica el gobierno en contra de los luchadores sociales. Myriam aportó valiosa estadística que confirma y actualiza las denuncias del libro sobre la subsistencia de métodos tenebrosos en el gobierno autodenominado “de los derechos humanos”.
 
Miguel y Graciela Ledo
Le tocó luego el turno a Norma Morandini, una talentosa periodista, que tiene dos hermanos desaparecidos y actualmente continúa en la lucha por un país más justo como senadora nacional. Norma se refirió a “Lo que no dije…” y al precedente “Recuerdo de la muerte”, para  demostrar que los gobiernos constitucionales no han podido ni querido iluminar los sótanos de la democracia, habitados por buchones y asesinos, como lo prueba el Caso Nisman.

    En este crescendo de testimonios conmovedores e irrefutables, dejé deliberadamente para el cierre a Graciela Ledo, venida especialmente desde La Rioja para aportar nuevos elementos en su histórica denuncia del jefe del Ejército, general Gerardo Santos del Corazón de Jesús Milani, como genocida y asesino de su hermano, el conscripto Alberto Agapito Ledo, cuya desaparición forzada en el Tucumán de 1976, fue disfrazada como deserción por el entonces subteniente Milani.

Carlos Lordkipanidse y Graciela Ledo

    Graciela hizo llegar a la audiencia el saludo de su madre, Marcela Brizuela de Ledo, que en esta ocasión no pudo viajar desde La Rioja, donde fue una de las fundadoras de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo.

    Su presencia hacía prever grandes revelaciones y no defraudó: describió con precisión la compra y la intimidación de testigos en la causa contra Milani, acusó al general “nacional y popular” de  haber asesinado personalmente a su hermano Alberto y relató que el periodista de “Perfil” Fernando Oz –actuando como emisario del represor- le propuso una reunión a solas con el Jefe del Ejército, que obviamente, rechazó con repugnancia. “A Milani sólo lo veré cuando esté en el banquillo de los acusados, frente a los jueces”, fue su categórica respuesta.

Christian Castillo y Myriam Bregman con Miguel

    En estas páginas vamos a ir publicando videos de la reunión, que superó con creces lo que puede considerarse la presentación de un libro y algo más contundente aún: la carpeta que me dejó Graciela Ledo y contiene aspectos decisivos del juicio contra Milani.

    Sería injusto y desagradecido sino mencionara –aunque sea de memoria y sin apuntes- a reconocidas personalidades de la política, la lucha social y los derechos humanos, que colmaron la sala Gabilondo Soler de la Feria. A muchos de los cuales no pude saludar como merecían porque tuve que ir a la carrera a firmar ejemplares de “Lo que no dije” en el stand de la editorial Sudamericana.  

Madre de Plaza de Mayo Elia Espen
Había dirigentes de distintos partidos de izquierda, como Vilma Ripoll o Christian Castillo;  Madres de Plaza de Mayo que no se vendieron al gobierno, como Cristina Cabib o Elia Espen; víctimas diversas de la represión y el poder económico, como Alejandrina Barry, cuyos padres –montoneros-  fueron asesinados en Uruguay (como cuento en “Recuerdo de la muerte”) o José Echegoyen, hijo de uno de los tantos “suicidados” que precedieron a Nisman; la “verdadera Cámpora” , como presenté al embajador Mario Cámpora y su inteligente esposa Magdalena; amén de otros tantos amigos, curiosos, periodistas nacionales y extranjeros y –seguro- alguno de los muchachos de Stiuso y de Milani.

    Pronto les va la presentación completa y un fuerte abrazo.

Miguel Bonasso



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