Una "renuncia" arreglada


En un cable emitido hoy por la agencia estatal Telam, se dice al final, como al pasar, que el nuevo Señor Cinco Oscar Parrilli le aceptó la renuncia al Director de Operaciones de la Secretaría de Inteligencia (SI), Antonio Horacio “Jaime” Stiusso.

El cable omite información decisiva: ¿se fue por su voluntad o le pidieron la renuncia? ¿Se va de la Dirección de Operaciones o deja la Secretaría? Tampoco se detiene en el contexto: deja el cargo pocos días después de conceder la primera entrevista de su vida, en donde aprovecha para insultarme de manera violenta y reiterada.

El inquietante exabrupto coloca la atención pública en las razones de su enojo: mi último libro “Lo que no dije en Recuerdo de la Muerte”, donde lo denuncio como extorsionador profesional y socio del proxeneta internacional Raúl Martins, actualmente refugiado en México. En particular sobre una frase que lo afecta como católico que dice ser: “el Papa sabe todo de todos”, referida al dossier que oportunamente elevaran al Pontífice argentino los militantes de la Fundación la Alameda, conducida por el legislador porteño Gustavo Vera.

Allí también regreso a la tenebrosa relación entre el Director de Operaciones y el agente Pedro Viale, alias Lauchón, hombre de confianza de Stiusso y Martins, que fue fusilado hace pocos meses por el grupo Halcón de la Bonaerense. Un exceso que pone de relieve la sórdida rivalidad entre espías y policías por delitos gravísimos como la trata de personas y el narcotráfico.

La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que ha pasado del odio al amor sobreactuado con el otrora cardenal Bergoglio (hasta el extremo de hacerle borrar a Horacio Verbitsky sus notas contra el entonces purpurado), se molestó mucho con el inoportuno exabrupto de Stiusso, que indirectamente promueve un libro sobre la podredumbre que se oculta en los sótanos del estado democrático.

La furia presidencial cayó con fuerza sobre el incondicional Héctor Icazuriaga y sobre el no tan incondicional “Paco” Larcher, que estaba haciendo las maletas para pasarse a las tiendas de Massa.

Nada dicen Télam ni el gobierno sobre los alcances del cambio que no será muy profundo, a pesar de lo que piensan ingenuos y mercenarios. Stiusso, que posee una colección de videos muy comprometedores para varios integrantes de la clase política, el periodismo, la familia judicial, el empresariado, jefes policiales y altos oficiales de las tres armas, no se va a marchar sin un arreglo que proteja su vida y su fortuna que es cuantiosa (aunque en la AFIP figure humildemente como “peluquero”). Ese arreglo supera a su sempiterno rival en la SI, Fernando Pocino, y se eleva hasta la jefatura del Ejército, a cargo del temible teniente general César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani, el nuevo dueño del espionaje político y social de la Argentina. Milani y Stiusso se tienen recíprocamente “encarpetados”.

Si alguien esperaba que de esta renuncia brotara un “mani pulite” al estilo de los italianos contra la mafia, está profundamente equivocado.

Como yo soy escéptico, tengo previsto concurrir con mis abogados a los tribunales de Comodoro Py, para denunciar a Stiusso por una amenaza que pone en peligro mi vida. Espero que en el sorteo no me toque alguno de los jueces que tanto le deben a “Jaime”.

O me veré obligado a viajar al exterior para amplificar la denuncia.

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