Un dolido y feroz desencanto

Periodismo. Corrosivo y profundo, Bonasso desnuda el “criptoestado”, poder en las sombras que ha condicionado tres décadas de democracia.

Recuerdo de la muerte fue, hace ya más de tres décadas, un libro emblemático. Fue el primero que, en los albores de la democracia recuperada, reveló con increíble exactitud, los horrores de la ESMA, uno de los símbolos del terrorismo de Estado. Parecía un libro de ficción, pero poco después sus ávidos lectores supieron que aquella no ficción había sido superada por la realidad.

Miguel Bonasso retoma la saga de aquella obra iniciática con Lo que no dije en Recuerdo de la muerte . Hay, desde el título, una deliberada ambigüedad buscada por Bonasso, un hombre de experiencia en la política y en el periodismo: jefe de prensa de la campaña de Héctor Cámpora en 1973, director luego de Noticias, el diario ligado a la guerrilla peronista Montoneros, exiliado, co fundador, o una de sus alma mater, del diario Página 12, diputado por el kirchnerismo, decepcionado del kirchnerismo, recorrió un camino afín a muchos de los militantes peronistas que salvaron su vida en los años de plomo.

La ambigüedad depara al lector la tarea siempre inquietante y apasionada de descubrir cuánto queda escrito en su libro de lo que Bonasso no dijo, y sabía, en 1984 y cuánto quedó al descubierto con el paso lento, implacable del tiempo. Hay para todos los gustos. Por lo pronto, y a raíz de una foto dedicada en 1994 por el entonces presidente Carlos Menem al prefecto Héctor Febres, que usó en la ESMA los alias de “Selva”, “Orlando” y “Gordo Daniel” y apareció prolijamente suicidado a días de declarar en el juicio oral mientras cumplía prisión “rigurosa”, Bonasso desnuda un tinglado, sólo oculto en parte, alzado por los servicios de inteligencia, pistoleros, torturadores, financistas, empresarios, intelectuales al que llama “criptoestado”; un poder en las sombras y al acecho permanente que condicionó, de una forma muy especial, estas tres décadas de democracia. Y promete seguir en funciones. A los espías conocidos, algunos con ropajes de funcionarios de Estado, Bonasso agrega a algunos jefes de las Fuerzas Armadas de las últimas décadas, al actual jefe del Ejército, César Milani y a un cuerpo súper secreto, de estructura celular, como la guerrilla, creado en 1966 por el dictador Juan Carlos Onganía y todavía en vigencia.

Lo que no dije… es, también, el retrato de la profunda decepción de Bonasso con el kirchnerismo y, en especial, con el malogrado Néstor Kirchner, con su sucesora, Cristina Fernández, y con la política de derechos humanos que lleva adelante (es sólo una expresión) el actual gobierno que, al decir de Bonasso, “exalta a los militantes de los años setenta y hace negocios con quienes ayudaron a exterminarlos”.

Las páginas de Lo que no dije… también hacen inventario, y rinden cuenta, de un capital de dudoso beneficio: quiénes se quebraron en la tortura, quiénes confraternizaron con los represores y hasta formaron una nueva familia, y quiénes murieron sin hablar, sin ceder. De ese territorio pantanoso, inasible, Bonasso dice: “No, no todos ni todas fueron víctimas. Igualar al que mantuvo la dignidad, como Norma Arrostito o el Negro Ricardo con quien salía a operar con los marinos, me parece que destruye toda noción de equidad y nos remite –en clave de tragedia– al certero verso de Discépolo: ‘En el mismo lodo todos manoseaos’”

En el dolido y feroz desencanto de Lo que no dije… no tienen amparo ni figuras emblemáticas de los derechos humanos, como Hebe de Bonafini, ni los hijos de los desaparecidos que impulsan asados de dudosa camaradería a metros de donde, probablemente, fueron quemados entre neumáticos los cuerpos lacerados de sus padres.

En la Argentina de estos años, el abanico de matices ha cobrado una dimensión peligrosa.

Y de eso da cuenta Lo que no dije… que se lee como novela, contiene intactos los recursos de la crónica periodística, es corrosivo, agudo, profundo, urticante, irónico, virulento y deja, como los vinos bastos, una resaca amarga y hosca.

Es el sello característico del autor, a punto de cumplir 75 años en mayo, con un hijo flamante y que también pudo titular su libro “Si no lo digo ahora, ¿cuándo?”

http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/historia/dolido-feroz-desencanto_0_1286871323.html

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